Quizás el título del artículo lo hayas asociado con autoayuda o palabrería de desarrollo personal. Sin embargo, dame la oportunidad de contarte más del tema y luego, si quieres puedes responderme a mi correo alma@srcomunicaciones.net

Unos días atrás, estuve viendo un documental titulado, Física Cuántica. Grandes Teorías una producción de la Encyclopedia Britannica, entre las cosas maravillosas de las que trataba el documental hubo dos que llamaron particularmente mi atención: 

  1. El experimento con el agua del Doctor Masaru Emoto y;
  2. La capacidad de reforzar conexiones neuronales que posee el cerebro para atraer continuamente las mismas situaciones a nuestra vida.

A continuación voy a desglosar un poco ambos puntos: 

En primer lugar, ¿quién es Masaru Emoto y cuál fue su experimento? Masaru Emoto fue un autor japonés controvertido, quién realizó algunos experiementos con el agua, los cuales trataban de poner en evidencia el poder que tienen los pensamientos sobre ella. 

Su experimento consistió en exponer botellas de agua a  pensamientos, palabras y música hermosa y otras botellas a pensamientos, palabras y música denigrante, luego congelar el agua y finalmente tomar una muestra y observarla mediante microscopio. Sus resultados fueron catalogados de pseudocientíficos, aunque no dejan de ser interesantes, ya que en las fotografías obtenidas de las muestras, podemos observar la formación de estructuras bellas en los cristales de agua congelada que fue expuesta a un ambiente armónico, en tanto que las otras muestras, se veían cristales completamente deformados o simplemente no se formaron cristales. 

Lo relevante del experimento, es que trata de descubrir los efectos de los pensamientos, palabras y música en el agua, siendo entonces, importante para el observador cuestionarse, ¿si se produce dicho efecto sobre el agua, qué efecto produce en mí las palabras que me digo, los pensamientos que no controlo y la música que escucho?

Para responder esta pregunta, debo traer a colación el llamado efecto pigmalión también conocido profecía autocumplida, que se basa en la influencia que ejercen unos individuos sobre otros, lo cual es verificado en las aulas, en la forma como los profesores afectan, con su comportamiento, el rendimiento de los estudiantes. Siendo los profesionales de la docencia, creadores en gran medida de los resultados de los alumnos, ya que cuando estos consideran a determinados discentes mejor calificados para ciertas tareas, obtendrán mejor rendimiento frente a los que han sido subestimados, sin importar las verdaderas destrezas previas de cada uno.

Extrapolando esta información a otras áreas de desenvolvimiento de los individuos, es fácil comprender que muchos de nuestros resultados se deben a las creencias que hemos asumido como válidas de nosotros mismos y de los demás. Así, es posible que pensemos que tenemos grandes habilidades para algunas tareas y que somos mediocres para otras, cuando ambos resultados no son más que el producto de la constancia y del esfuerzo que hemos aplicado a lo largo del tiempo.

Ahora bien, haciendo un ejercicio de abstración procederé a relacionar el experimento de Emoto, el efecto pigmalión con las conexiones neuronales.

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